(Málaga, 1881 - Mougins, 1973).
EL
ENTIERRO DEL CONDE DE ORGAZ
5.8.58
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| Mosqueteros, Pablo Picasso |
Castiza
de pelo en pecho y brújula de afeitar cuentos y refranes por esos higos
chumbos del cielo máquina de escribir mentiras alcahueteras y copa de
cristal en fuego la primitiva imagen solitaria cogida a la solapa dibuja encima
del tejado de injurias su juego hoja de parra puesta en el ojo de
la amargura su tinta china y sus lágrimas colgando de la mesa adoban el
besugo de sus problemas improbables las rendijas por donde mete sus dedos
el sol, cada silla en su sitio y cada trapo sucio plantado de pie de cara
a cara a la corteza de la piel de la estopa metida hasta las nalgas en la salsa
repicando a rebato en la caldera tomo primero y capítulo cualquiera del
mendrugo ojo abierto a la murga ratonera de rodillas delante del altar de
la sartén. Milagro y hechizo del sastre y verdugo cubierto de manchas de
aceite y lamparones de sangre verde del fondo a medio hacer del gran paisaje
azul puesto en el caballete a secar su jugo de limón y cebolla hechos un
lío en el charco amarillo de las sábanas sobre la barretina azul el gorro negro
el abanico rojo y el manojo de tripas dando patadas flor de granado festón
de hilos de oro y plata jazmín agua y pan seco plato lleno de tomates judías
y cebolla aceite sal y pimientos almuerzo clandestino vestido de cura loco
llevado por las angarillas rollizas de la puente de cal derretida sobre el estiércol
de las nubes caldeando el azul tumbado durmiendo su mona al asomo
de la punta de la nariz del mico en saludos y gracias y genuflexiones en
raíces cuadradas y redondas al muy señor vuestro y no mío bodas de mierdas
finas y lisas como seda de los balcones colgando del palacio de azúcar
y turrón lamiéndose los labios grandes y pequeños de esta tarde de verano
coleccionadora de mentiras y negro de huevo centenario puesto por la
gallina clueca del tío vivo borracho volando sus cuentos y sus risas de vieja
por esos cielos como un niño.
9.8.58
al
acecho del día que sube de rodillas la escalera que da al patio y rodea de verde
almendra la luciérnaga la frialdad del canto del ruiseñor encendido en
el frío relleno de luz del ovillo lácteo derrumbando sus flecos sobre la colcha
azul ultramarino ahorcado al palo mayor del pegote de blanco que pinta
el trozo de pared salpicada de ocre. A pimienta que raspa la corteza de
la noche ya despierta y descubierta en la cama deshecha una pierna caída tocando
casi el suelo y la otra tendida a la pared hacia arriba inflada por el
chorro de luna que las cuatro rendijas de la persiana chupan de su luz blanco
pintado de blanco sobre blanco y azul y blanco moreno y blanco de su
blanco puro y limpio y blanco y plata.
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secante
que al revés timan el oleaje que se lame la barba de media sandía cruje
sus angarillas en la espuma blancuzca de la ropa tendida sobre el tejado –
la cariñosa seda de su cuerpo embiste el nácar y la concha de la espada hincada
en bizcocho de miel de sus danzas – el estribillo que chispea el jazmín
de la parra canta la luz que sopla el jardín enamorado del pellizco de azul
que cuelga de las uvas – el rosado sabor de la tarde silba sus caracolas y mece
en sus brazos la gota de rocío que estalla en la falda el corderito Una
cebolla desarrolla sus cuerdas dentro del acaramelado despertar de la
luna –
el encaje plateado que levantan las palomas ríen sus penas.
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