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viernes, 23 de octubre de 2015

Miriam Elim

(Santiago de Chile, 1895- ídem, 1927).


¿Verdad que tú no sabes por qué amo yo la muerte?
Porque es el fin piadoso de esta jornada loca
en que es una sentencia el jamás poseerte
ni como a aquella flor que con unción se toca.
Porque la piedra fría con que oculte al mundo
la caridad consciente de algún piadoso hermano,
a mis huesos dará un calor más humano
que el que me den tus ojos de mirar tan profundo.
Tan profundo y mezquino...
ni una lágrima vierte de sus entrañas nunca.
El sol de su mirada mi jardín floreciera.
Por faltarme su luz está mi vida trunca.
¿Verdad que ahora sabes por qué amo yo la muerte?
Porque aunque tú me niegas todo cuanto te pido,
es muy cruel agonía el ir siempre temiendo
que despiertes mis ojos, puedan dejar de verte..

viernes, 24 de julio de 2015

Fabio Morábito

(Alejandría, Egipto, 1955).

Cuarteto de Pompeya*

I

Nos desnudamos tanto
hasta perder el sexo
debajo de la cama,
nos desnudamos tanto
que las moscas juraban
que habíamos muerto.
Te desnudé por dentro,
te desquicié tan hondo
que se extravió mi orgasmo.
Nos desnudamos tanto
que olíamos a quemado,
que cien veces la lava
volvió para escondernos.
 
* En Pompeya, entre otros cuerpos petrificados por las lavas y cenizas
de la erupción del Vesubio (año 79), se conservan los de un hombre y una
mujer en el acto amoroso.


II

Me hiciste tanto daño
con tu boca, tus dedos,
me hacías saltar tan alto

que yo era tu estandarte
aunque no hubiera viento.
Me desnudaste tanto

que pronuncié mi nombre
y me dolió la lengua,
los años me dolieron.

Nos desnudamos tanto
que los dioses temblaron,
que cien veces mandaron
las lavas a escondernos.

III


Te frotabas tan rápido
los senos que dos veces
caí en sus remolinos,

movías el culo lento,
en alto, para arrearme
a su negra emboscada,

su mediodía perenne.
Abrías tanto su historia,
gritaba su naufragio...

Nos desnudamos tanto
que no nos conocíamos,
que los dioses mandaron
la lava a reinventarnos.

IV

 
Te desmentí de cabo
a rabo devolviéndote
a tus primeros actos,

te escudriñé profundo
hasta escuchar la historia
amarga de tu cuerpo,

pues sólo el amor sabe
cómo llegar tan hondo
sin molestar la sangre.

Esa noche la lava
mudó el paisaje en piedra.
Tú y yo fuimos lo único
que se murió de veras.

martes, 30 de junio de 2015

Luis Eduardo Aute

(Manila, 1943).

Son infinitos los celos
que me despierta la calma que te penetra
y posee cuando yaces
dormida…
Tus labios veniales
tus ojos mortales,
tu cuerpo desnudo, entero, abatido,
entregado a su merced.
En ese momento,
cuando la belleza de la muerte
mana de tu anatomía,
cada poro de tu piel, cada estigma
me revela todos mis miembros,
uno a uno, y me invita a traspasarte,
como traspasa la luz el cristal purismo,
sin romperlo ni mancharlo
para que nunca despiertes
y así ser
tu sueño eterno.

viernes, 22 de mayo de 2015

Blanca Varela

(Lima, 1926 - Lima, 2009).

Juego amoroso

Las manos a la altura del aire
a dos o tres centímetros del vacío
no se mirará nada preciso
la polvareda que pasa
el inesperado cortejo de plumas
arrancadas al vuelo
la nubecilla rosada y tonta
que ya no es
el cierraojos y el ábrelos
en la breve opacidad
de una luz que no se ve
y el sueño pies de goma
y azules y brillantes
las estrellas
rientes
párpado sobre párpado
labio contra labio
piel demorada sobre otra
llagada y reluciente
hogueras
eso haremos a solas 



Esta mañana soy otra 

Toda la noche
el viento me dio alas
para caer

la sin sombra
la muerte
como una mala madre
me tocó bajo los ojos

entonces dividida
dando tumbos
de lo oscuro a lo oscuro
giré recién llegada
a la luz de esta línea

en pleno abismo
abriéndose
y cerrándose la línea

sin música
pero llamando
sin voz
pero llamando
sin palabras
llamando.


Visitación

Dejé al demonio encerrado
en un cajón
en su pequeño lecho de crespón

afuera el ángel vuela
toca la puerta
espera

en una mano la rima
como una lágrima
en la otra el silencio
como una espada

échame de mi cuerpo
son las doce
sin sol ni estrellas
 

viernes, 17 de abril de 2015

Alí Chumacero

(Acaponeta, Nayarit, 1918 – México, D.F., 2010).


A una estatua

Cesa tu voz y muere
sobre tus labios mi alegría.
No habrá palabra que en tu piel levante
ni un incierto sabor de brisa oscurecida
como el recuerdo que en mis ojos deja
el paso de tu aliento,
porque vives inmersa en tu silencio,
impenetrable a mis sentidos
y si mis manos en tu piel se posan
inclinas la cabeza,
navegas en un tiempo que escucha tu latido,
y entre sus aguas, inundándote
bajo la tersa forma de su espejo,
estás abandonada,
próxima a ser violenta permanencia,
enemiga de olvidos,
casi perdida en íntima zozobra
y sin más voluntad
que la crueldad entre tus labios muda.


Toma tu cuerpo ahora, vuelve el rostro,
mírate así, segura y desplomada
hacia un estanque donde mora el miedo,
donde sólo hay imágenes
y el cuerpo deja su cautivo duelo
para entrar en la fuente de su origen.
Verás nacer el sueño de tu cuerpo
anegando en pureza toda vida,
todo impulso negado en puro movimiento
y toda forma sostenida en puro resplandor
ya no será la flor sino su aroma,
ya no serás tú misma.


No importa entonces que de pronto mueras
y pierdas toda sombra

quedándote en escombros defendida,
si toda tú pereces,
náufraga de tu propio mar,
presa dentro de ti, vencida
como ángel que asolado por el fuego
lanzara su impotencia,
y sólo un desengaño
entre rocas de olvido y de tinieblas
dejan tus labios mudos
y la pureza inútil de tu cuerpo.


Muere, desnuda forma,
hielo que mata mi alegría,
crueldad vertida en mármol fatigado;
muere ya, y deja que contemple
la lucha de tu cuerpo con la sombra,
el debatir inútil de tus labios
contra el vacío olvido de tus ruinas,
que en ataúd o tumbas duermes
entre un querer o no de tus sentidos.




Espejo de zozobra

Me miro frente a mí, rendido,
escuchando latir mi propia sangre,
con la atención desnuda
del que espera encontrarse en un espejo
o en el fondo del agua
cuando, tendiendo el cuerpo, ve acercarse
su sombra, lenta e inclinada,
a la suprema conjunción
de dos pulsos perdidos en sí mismos,
como doble sueño o palabra
inserta en eco hasta llegar
a la primera orilla del silencio.
En espejo de sueños estoy junto a mí mismo
y mi imagen se asoma alargando los brazos,
buscando asir lo inasidero,
lo que dentro de mí resuena
como sombra apresada en las tinieblas
que quisiera hallar una luz
para poder nacer.
Estoy junto a la sombra que proyecta mi sombra,
dentro de mí, sitiado,
intacto, descansando leve
sobre mi propia forma: mi agonía,
y en vano quiero ya cerrar los ojos,
dejar los brazos a su propio peso
o que el agua del silencio lave mi cuerpo,
pues ya mi sueño frente a mí me nombra,
ya destroza el espejo en que se guarda
y reclina su voz sobre la mía:
ya estoy frente a la muerte.

 

viernes, 3 de abril de 2015

José Ángel Valente

 (Orense, 1929 - Ginebra, 2000).

Odio y amo

Aquí herido de muerte
estoy. Aquí goteo
espesor animal y mudo llanto.
Aquí compruebo
la resistencia ciega de un latido

a la fría posibilidad del puñal. 
Aquí pronuncio 
la palabra que nunca
moverá una montaña. 
Aquí levanto 
inútiles barreras
que derriba la muerte.
Aquí libro batallas 
contra el viento, incluso
contra un ángel (aún cojeo 
hacia el lado de Dios).
Aquí y cada día
y cada hora y
cada segundo me he negado a morir.

Aquí odio la vida, sin embargo. 

Odio cuanto levanta al aire
una frente o un pétalo.
Cuanto he besado, cuanto
he querido besar y ha sido
materia o voz de mi deseo. Odio
y amo. (Amo
con demasiado amor.)

lunes, 23 de marzo de 2015

Jorge Luis Borges

(Buenos Aires, 1899 - Ginebra, 1986).


Alguien

Un hombre trabajado por el tiempo,
un hombre que ni siquiera espera la muerte
(las pruebas de la muerte son estadísticas
y nadie hay que no corra el albur
de ser el primer inmortal),
un hombre que ha aprendido a agradecer
las modestas limosnas de los días:
el sueño, la rutina, el sabor del agua,
una no sospechada etimología,
un verso latino o sajón,
la memoria de una mujer que lo ha abandonado
hace ya tantos años
que hoy puede recordarla sin amargura,
un hombre que no ignora que el presente
ya es el porvenir y el olvido,
un hombre que ha sido desleal
y con el que fueron desleales,
puede sentir de pronto, al cruzar la calle,
una misteriosa felicidad
que no viene del lado de la esperanza
sino de una antigua inocencia,
de su propia raíz o de un dios disperso.

Sabe que no debe mirarla de cerca,
porque hay razones más terribles que tigres
que le demostrarán su obligación
de ser un desdichado,
pero humildemente recibe
esa felicidad, esa ráfaga.

Quizá en la muerte para siempre seremos,
cuando el polvo sea polvo,
esa indescifrable raíz,
de la cual para siempre crecerá,
ecuánime o atroz,
nuestro solitario cielo o infierno.

lunes, 9 de febrero de 2015

Alejandra Pizarnik

(Avellaneda, 1936 - ídem,  1972).



el silencio es luz
el canto sabio de la desdicha
emana tiempo primitivo
buscaba la piedra no el plan
un himno inocente no las maldiciones

el conocimiento de mis nombres
para olvidarlos y olvidarme
pero lo que no busqué es el exilio
ni tampoco me dije mentiras

no adoré el sol
pero no esperé esta luz negra
al filo del mediodía


 Los de lo oculto

Para que las palabras no basten es preciso alguna muerte en el
corazón.
La luz del lenguaje me cubre como una música, imagen mordida por
los perros del desconsuelo, y el invierno sube por mí como la enamorada
del muro.
Cuando espero dejar de esperar, sucede tu caída dentro de mí. Ya no
soy más que un adentro.




Signos

Todo hace el amor con el silencio.

Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio.

De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.



Del otro lado

Como un reloj de arena cae la música en la música.


Estoy triste en la noche de colmillos de lobo.


Cae la música en la música como mi voz en mis voces.





lunes, 2 de febrero de 2015

Jacques Prévert

 (Neuilly-sur-Seine, 1900 - Omonville-la-Petite, 1977). 


Las sombras

Tú estás allí
frente a mí
en la luz del amor
Y yo
yo estoy allí
frente a ti
con la música de la felicidad
Pero tu nombre
sobre la pared
acecha todos los instantes
de mis días
y la sombra mía
hace lo mismo
espiando tu libertad
Y sin embargo te amo
y tú me amas
como se ama el día y la vida o el verano
Pero como las horas que se siguen
y no suenan jamás juntas
nuestras dos sombras se persiguen
como dos perros del mismo tamaño
desligados de la misma cadena
pero hostiles los dos al amor
únicamente fieles a su dueño
a su dueña
y que esperan pacientemente
pero temblando de angustia
la separación de los amantes
que esperan
que nuestra vida se acabe
y nuestro amor
y que nuestros huesos les sean arrojados
para agarrarlos
y esconderlos y enterrarlos
y enterrarse al mismo tiempo
bajo las cenizas del deseo
en los restos del tiempo.



Arenas movedizas

Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Y tú
Como un alga dulcemente acariciada por el viento
En las arenas del viento te agitas entre sueños
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Pero en tus ojos entreabiertos
Han quedado dos pequeñas olas
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
Dos pequeñas olas para ahogarme.



El fusilado

Las flores los jardines las fuentes las sonrisas
Y la alegría de vivir
Un hombre está caído y bañado en su sangre
Los recuerdos las flores las fuentes los jardines
Los sueños infantiles
Un hombre está caído como un bulto sangriento
Las flores las fuentes los jardines los recuerdos
Y la alegría de vivir
Un hombre está caído como un niño dormido.