Mostrando entradas con la etiqueta hendidura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hendidura. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2015

Blanca Varela

(Lima, 1926 - Lima, 2009).

Juego amoroso

Las manos a la altura del aire
a dos o tres centímetros del vacío
no se mirará nada preciso
la polvareda que pasa
el inesperado cortejo de plumas
arrancadas al vuelo
la nubecilla rosada y tonta
que ya no es
el cierraojos y el ábrelos
en la breve opacidad
de una luz que no se ve
y el sueño pies de goma
y azules y brillantes
las estrellas
rientes
párpado sobre párpado
labio contra labio
piel demorada sobre otra
llagada y reluciente
hogueras
eso haremos a solas 



Esta mañana soy otra 

Toda la noche
el viento me dio alas
para caer

la sin sombra
la muerte
como una mala madre
me tocó bajo los ojos

entonces dividida
dando tumbos
de lo oscuro a lo oscuro
giré recién llegada
a la luz de esta línea

en pleno abismo
abriéndose
y cerrándose la línea

sin música
pero llamando
sin voz
pero llamando
sin palabras
llamando.


Visitación

Dejé al demonio encerrado
en un cajón
en su pequeño lecho de crespón

afuera el ángel vuela
toca la puerta
espera

en una mano la rima
como una lágrima
en la otra el silencio
como una espada

échame de mi cuerpo
son las doce
sin sol ni estrellas
 

jueves, 2 de abril de 2015

Clarice Lispector

(Chechelnik, 1920 - Río de Janeiro, 1977).




 Ramas de almendro en flor, Vincent Van Gogh

 
Ésta es la vida vista por la vida. Puedo no tener sentido pero es la misma falta de sentido que tiene la vena que late.

Quiero escribirte como quien aprende. Fotografío cada instante. Profundizo en las palabras como si pintase, más que un objeto, su sombra. No quiero preguntar por qué se puede preguntar siempre por qué y seguir siempre sin respuesta: ¿consigo entregarme al expectante silencio que sigue a una pregunta sin respuesta? Aunque adivine que en algún lugar o en algún tiempo existe la gran respuesta para mí. 

Y después sabré cómo pintar y escribir, después de la extraña pero íntima respuesta. Escúchame, escucha el silencio. Lo que te digo nunca es lo que te digo y sí otra cosa. Capta esa cosa que se me escapa y sin embargo vivo de ella y estoy sobre su brillante oscuridad. Un instante me lleva insensiblemente a otro y el tema atemático se va desarrollando sin plan pero geométrico, como las figuras sucesivas en un calidoscopio. 

Entro lentamente en mi dádiva a mí misma, esplendor dilacerado por el cantar último que parece ser el primero. Entro lentamente en la escritura como he entrado en la pintura. Es un mundo enmarañado de lianas, sílabas, madreselvas, colores y palabras, umbral de entrada a la ancestral caverna que es el útero del mundo y del que voy a nacer.

[…]

Lo que te escribo no tiene principio, es una continuación. De las palabras de este canto, canto que es el mío y el tuyo, se eleva un halo que trasciende las frases, ¿lo sientes? Mi experiencia viene de que ya he conseguido pintar el halo de las cosas. El halo es más importante que las cosas y que las palabras. El halo es vertiginoso. Hinco la palabra en un vacío descampado; vacío es una palabra como un fino bloque monolítico que proyecta sombra. Y es la trompeta que anuncia. El halo es el it.

Necesito sentir de nuevo el it de los animales. Hace mucho tiempo que no entro en contacto con la vida primitiva animal. Necesito estudiar a los animales. Quiero captar el it para poder pintar no un águila y un caballo, sino un caballo con las alas abiertas de una gran águila.

[…]

Te conozco enteramente porque te vivo enteramente. En mí es profunda la vida. Las madrugadas me encuentran pálida porque he vivido la noche de los sueños profundos. Aunque a veces flote en una aparente superficie que tiene debajo de sí una profundidad azul oscuro casi negro. Por eso te escribo. Por el soplo de las grandes algas y en el tierno manantial del amor.


De "Agua viva"



martes, 31 de marzo de 2015

Germán Machado

 (Montevideo, 1966).


Las palabras son hendiduras
en la tierra segada / los mitos
tajos hondos / el silencio
cicatrices olvidadas


 
II

aún conservan los colores
del cielo bajo el cual yacían
            aquel azul cobalto
de la carne
            un púrpura sangriento
de la tierra
            el ocre de un abrazo
del sol
            seminal en trigales

                        los amantes
 


Atraviesa el horizonte
diagonal y silente.
No explica lo invisible,
lo redime.