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jueves, 14 de mayo de 2015

Andrés Sánchez Robayna

(Santa Brígida, Gran Canaria, 1952).


A THOMAS TALLIS

A José Ángel Valente,

in memoriam



I

Otra vez esas voces, ese cántico,

claro y oscuro aun tiempo. ¿Cómo,

sin extraviarse, pueden regresar

las voces a su centro, a la alegría


ilimitada? Lo que escucho, de nuevo,

es el Spem in alium,

un canto alzado hasta la transparencia

de la voz, como si el solo hálito



contuviera el fervor de las criaturas,

como si ya las voces se entregaran

a su solo fluir, y pronunciasen

cielo y tierra, fundidos en la sonoridad.



Sabes, pues, que la música puede

llevarte, como herida irrestañable,

hasta la ola de lo perpetuo, hasta el centro

de ti mismo y del mundo, ya fundidos.



Y como heridos quedan los mundos impalpables,

la ola sobre el cielo, que desciende

hasta la tierra, desde donde se alza

la música de nuevo, inextinguible.



II


¿Puede extinguirse, acaso, el eco

de estas voces? ¿Podría

extinguirse el origen de toda claridad,

de donde toda luz procede? Cuando



la grabación acaba, todavía resuena

la ola sin estruendo, y nos parece

oír el silencio de otro modo, un silencio

más profundo en el cuarto casi a oscuras,



las olas del origen sobre el mundo.

Sólo entonces, callado, sé decir:

Gracias, voces palpables, indecibles

voces celestes, gracias, ThomasTallis.


martes, 17 de febrero de 2015

Vicente Aleixandre

(Sevilla, 1898 - Madrid, 1984).

MANO ENTREGADA

Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca el amor. Oh carne dulce que sí se empapa del amor hermoso.
Es por la piel secreta, secretamente abierta,
invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura,
que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo que ahora resuena mío, mío
poblado de mis voces profundas,
oh resonado cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo, oh cuerpo sólo
sonido de mi voz poseyéndole.
Por eso, cuando acaricio tu mano sé que sólo el hueso rehúsa
mi amor -el nunca incandescente hueso del hombre-.
Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese leve contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.

lunes, 2 de febrero de 2015

Jacques Prévert

 (Neuilly-sur-Seine, 1900 - Omonville-la-Petite, 1977). 


Las sombras

Tú estás allí
frente a mí
en la luz del amor
Y yo
yo estoy allí
frente a ti
con la música de la felicidad
Pero tu nombre
sobre la pared
acecha todos los instantes
de mis días
y la sombra mía
hace lo mismo
espiando tu libertad
Y sin embargo te amo
y tú me amas
como se ama el día y la vida o el verano
Pero como las horas que se siguen
y no suenan jamás juntas
nuestras dos sombras se persiguen
como dos perros del mismo tamaño
desligados de la misma cadena
pero hostiles los dos al amor
únicamente fieles a su dueño
a su dueña
y que esperan pacientemente
pero temblando de angustia
la separación de los amantes
que esperan
que nuestra vida se acabe
y nuestro amor
y que nuestros huesos les sean arrojados
para agarrarlos
y esconderlos y enterrarlos
y enterrarse al mismo tiempo
bajo las cenizas del deseo
en los restos del tiempo.



Arenas movedizas

Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Y tú
Como un alga dulcemente acariciada por el viento
En las arenas del viento te agitas entre sueños
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
A lo lejos ya el mar se ha retirado
Pero en tus ojos entreabiertos
Han quedado dos pequeñas olas
Demonios y maravillas
Vientos y mareas
Dos pequeñas olas para ahogarme.



El fusilado

Las flores los jardines las fuentes las sonrisas
Y la alegría de vivir
Un hombre está caído y bañado en su sangre
Los recuerdos las flores las fuentes los jardines
Los sueños infantiles
Un hombre está caído como un bulto sangriento
Las flores las fuentes los jardines los recuerdos
Y la alegría de vivir
Un hombre está caído como un niño dormido.