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domingo, 19 de julio de 2015

Hugo Mujica

(Avellaneda, Buenos Aires, 1942).


Mujer que comienza a escuchar hacia dentro,
que dilata los oídos hacia su interior
al tiempo que su piel se dilata hacia fuera.


Mujer que hace de todo su cuerpo un oído,
una palma sensible que capta
el mínimo movimiento en su seno,
que vive hecha atención,


siempre atenta, siempre esperando,
siempre celebrando el gesto mas nimio
sentido o intuido en su interior:
los mínimos movimientos en los que siente
y presiente la presencia de una nueva vida
que nace en su propia vida.


Mujer. Tiempo de esperar
no lo que viene desde fuera,
sino lo que late y pulsa por nacer desde dentro,
desde ese adentro abierto,


ese abismo del misterio donde se origina lo humano,
ese abismo del origen donde Dios pulsa por hacerse
carne en nosotros,
por hacer de nosotros un lugar donde latir,
un latido desde el cual decirse.

domingo, 28 de junio de 2015

Luis Rosales

(Granada, 1910 - Madrid, 1992)

Contigo (fragmento)

No hay noche, no hay luna, no 
hay sol cuando estoy contigo, 
tiemblo de quererte tanto, 
tiemblo de sentirme vivo, 
tiemblo de saber que un día 
la espuma se lleva al río, 
y en el corazón del hombre 
se lleva al tiempo el olvido. 
No hay luz, no hay jardín, no hay 
noche de otoño contigo, 
¡quisiera que se acortara 
el tiempo cuando te miro! 
contigo para perderme, 
para salvarme contigo, 
contigo, Abril, para siempre 
por los siglos de los siglos. 
 * * * 
Tiemblo de verme en tus ojos 
sin comprender el bautismo, 
contigo, Abril, primavera, 
el nombre nace contigo, 
y el ser también en el seno 
de tu vientre estremecido, 
nieve niña y madre virgen 
de mi tiempo y mi destino; 
por ti se agrupa el rebaño 
por ti se doblan los trigos, 
por ti los álamos tiemblan 
y el mar se levanta en vilo 
como los pueblos que llevas 
en la mirada perdidos 
para siempre, como el tiempo 
que vuelve a nacer contigo, 
contigo para salvarme, 
para perderme contigo 
como el beso que no sabe 
sobre qué boca ha nacido. 
¡No puedo verte, no puedo 
verte cuando estoy contigo! 
¡no sé mirarte, no sé 
mirarte, pero te sigo! 
tuyo seré madreselva, 
madre viento y madre río, 
isla de ti solamente 
mi nacimiento continuo, 
que estoy con dolor queriendo 
lo que muero y lo que vivo, 
lo que vivo y lo que muero 
de tenerlo sin vivirlo. 
 * * * 
Ya el tiempo es sólo el espejo 
donde te sueño lo mismo 
que los chopos en invierno 
sueñan su verdor florido. 
(...)

La trasfiguración

Siento tu cuerpo entero junto al mío; 
tu carne 
                es 
                        como un ascua, 
fresca e imprescindible 
que está fluyendo hacia 
mi cuerpo, por un puente 
de miel lenta y silábica. 
Hay un solo momento en que se junta 
el cuerpo con el alma, 
y se sienten recíprocos, 
                                                 y viven 
su trasfiguración, 
                                   y se adelantan 
el uno al otro en una misma entrega, 
desde su mismo origen deseada. 
Siento tus labios en mis labios, siento 
tu piel desnuda y ávida, 
y siento, 
                ¡al fin! 
                             esa frescura súbita 

como una llamarada 
de eternidad, en que la carne deja 
de serlo y se desata, 
se dispersa en el vuelo, 
                                                 y va cayendo 
en la tierra sonámbula 
de tu cuerpo que cede interminable- 
mente cediendo, 
                                  hasta 
que el vuelo acaba y ya la carne queda 
quieta, milagreada, 
y me devuelve al cuerpo, 
                                                      y todo ha sido 
un pasmo, un rebrillar y luego nada.
 
 

miércoles, 27 de mayo de 2015

Kathleen Raine

(Ilford, Essex, 1908 - Londres, 2003). 

El instante

Para poner por escrito todo lo que contengo en este instante
vaciaría el desierto a través de un reloj de arena,
el mar a través de una clepsidra,
gota a gota y grano a grano
a los impenetrables, inmensurables mares y arenas mutables liberados.

Porque los días y las noches de la tierra se desmoronan sobre mí
las mareas y las arenas me atraviesan,
y yo sólo tengo dos manos y un corazón para retener al desierto
y al mar.

Si se escapa y me esquiva, ¿qué puedo contener?
Las mareas me arrastran
el desierto se desliza bajo mis pies. 



Tu don fue la ociosidad…

Tu don fue la ociosidad,
el modo en que descuidabas tu quehacer diario
para maravillarte con el rebrote de una flor,
el temblor de una hoja, el velo de una araña
sobre la rociada en el despliegue de la mañana.
Estos eran tus pensamientos errantes, extraviados
en la mente veleidosa
del cielo etéreo y la nube viajera,
de la campánula y la colina de brezo,
mundo infinito, donde podías perder
memoria, identidad y nombre
y todo lo que contemplabas, renacía,
ala de insecto y malla de estrellas
o la plata reluciente de la semilla por el viento llevada
eternamente a la deriva inmune al tiempo.
¿Qué tiene que ver la ilimitada vida
con la sepultura del cuerpo y con el vientre,
lapso de vida y espacio escaso?
 

martes, 7 de abril de 2015

Bernardo Schiavetta

(Córdoba, Argentina, 1948). 


Conjunción de opuestos

un no sé qué que quedan balbuciendo
con latidos y alientos, porque escuchan
como Todo se nombra y los saluda
sin más voz que latidos y que alientos
cuando ambos se despiden de ellos mismos,
de esos opuestos dos, el tú y el yo,
si se dicen adiós en un encuentro
con lo Otro, lo que es Uno en uno y otro,
si se dicen adiós en un encuentro
de esos opuestos dos, el tú y el yo,
cuando ambos se despiden de ellos mismos,
sin más voz que latidos y que alientos,
como Todo se nombra y los saluda
con latidos y alientos, porque escuchan
un no sé qué que quedan balbuciendo




 Espejo del exorcismo

eidolon

espejo del reflejo
endiablado y amado
espejismo y abismo
idolejo o diablejo
abismo y espejismo
amado y endiablado
reflejo del espejo





 Espejo de Yorick
Yorik's skull, the king's jester. Hamlet, V, I, 198
¿Yo Segismundo no soy? La vida es sueño, II, 253

En el espejo vacuo de los mimos
una tras otra veo mis carátulas
Segismundo que duda como Hamlet
luego Pierrot o Pantalone luego
mi calavera de bufón se muestra
Luego Pierrot o Pantalone luego
Segismundo que duda como Hamlet
una tras otra veo mis carátulas
en el espejo vacuo de los mimos






Espejo de los ecos
Sabremos dar respuestas, éstas, éstas…
más sólo si otros ecos nos repiten
dos preguntas que copian nuestras voces,
sin decir nada más que tú y yo somos
tan tenues como un eco, que copiamos
las respuestas de todos, balbuceos
de lenguas ya olvidadas, las palabras,
que los siglos reciben de los siglos,
que los siglos reciben de los siglos,
de lenguas ya olvidadas, las palabras,
las respuestas de todos, balbuceos
tan tenues como un eco, que copiamos
sin decir nada más que tú y yo somos
dos preguntas que copian nuestras voces,
más sólo si otros ecos nos repiten
sabremos dar respuestas, éstas, éstas…