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viernes, 5 de junio de 2015

Vinícius de Moraes

(Rio de Janeiro, 1913 - Rio de Janeiro, 1980).

Ausencia

Dejaré que muera en mí el deseo
de amar tus ojos dulces,
porque nada te podré dar sino la pena
de verme eternamente exhausto.
No obstante, tu presencia es algo
como la luz y la vida.
Siento que en mi gesto está tu gesto
y en mi voz tu voz.
No quiero tenerte porque en mi ser
todo estará terminado.
Sólo quiero que surjas en mí
como la fe en los desesperados,
para que yo pueda llevar una gota de rocío
en esta maldita tierra
que se quedó en mi carne
como un estigma del pasado.
Me quedaré… tu te irás,
apoyarás tu rostro en otro rostro,
tus dedos enlazarán otros dedos
y te desplegarás en la madrugada,
pero no sabrás que fui yo quien te logró,
porque yo fui el amigo más intimo de la noche,
porque apoyé mi rostro en el rostro de la noche
y escuché tus palabras amorosas,
porque mis dedos enlazaron los dedos
en la niebla suspendidos en el espacio
y acerqué a mí la misteriosa esencia
de tu abandono desordenado.
Me quedaré solo como los veleros
en los puertos silenciosos.
Pero te poseeré más que nadie
porque podré irme
y todos los lamentos del mar,
del viento, del cielo, de las aves,
de las estrellas, serán tu voz presente,
tu voz ausente, tu voz sosegada.

Ausência

Eu deixarei que morra em mim o desejo de amar os teus olhos que são doces
Porque nada te poderei dar senão a mágoa de me veres eternamente exausto.
No entanto a tua presença é qualquer coisa como a luz e a vida
E eu sinto que em meu gesto existe o teu gesto e em minha voz a tua voz.
Não te quero ter porque em meu ser tudo estaria terminado.
Quero só que surjas em mim como a fé nos desesperados
Para que eu possa levar uma gota de orvalho nesta terra amaldiçoada
Que ficou sobre a minha carne como uma nódoa do passado.
Eu deixarei... tu irás e encostarás a tua face em outra face.
Teus dedos enlaçarão outros dedos e tu desabrocharás para a madrugada.
Mas tu não saberás que quem te colheu fui eu, porque eu fui o grande íntimo da noite.
Porque eu encostei minha face na face da noite e ouvi a tua fala amorosa.
Porque meus dedos enlaçaram os dedos da névoa suspensos no espaço.
E eu trouxe até mim a misteriosa essência do teu abandono desordenado.
Eu ficarei só como os veleiros nos pontos silenciosos.
Mas eu te possuirei como ninguém porque poderei partir.
E todas as lamentações do mar, do vento, do céu, das aves, das estrelas.
Serão a tua voz presente, a tua voz ausente, a tua voz serenizada.

lunes, 4 de mayo de 2015

Francisco Leal

(Santiago de Chile, 1977).

Casa

Abrir la puerta despacio
pensando una culpa que cae,
despacio.
Los zapatos son recuerdos, espuma
de viento en otros días.
Desde el baño
se escucha escurrir las gotas
de una película antigua,
el agua abierta: Esperar.

Dos mensajes en el teléfono. 
                                                “El olvido es un tajo
                                                 en cada ojo. Te sueño”
Message erased.

                                                “Tengo un olvido 
                                                 de niños jugando
                                                 con muertas mariposas”
Message saved.


La lámpara es la sombra
del tiempo entre las sillas.
Se congelan los dientes de la madre
en la nevera.
El lugar es de cera, 

                                                  se derrite
el tiempo en el velador.
La hermana sin su cuerpo
baila,
deja pétalos.
(sombra de abejas)


Siente pasos. Alguien
camina, padres con sus pestañas muriendo.
Cruje el piso, tiembla: cadáveres.

  
                                                   “Dime cosas bonitas 
                                                    antes de dormir”
Riega sus plantas,
las pone al sol. Se
pudren.

                                                   “¿Cómo mueren 
                                                    las mariposas, volando?”
Busca algo que comer.
No tiene hambre.
En la nevera,
los dientes de la madre, el sexo
congelado de amadas con sus tajos, insectos
en la cara del vecino.
El cuchillo está sucio.
No quiere lavar.
Piensa en un libro que le recuerda
los años en que curioso
metía la mano en el barro
para buscar caracoles: 


              “Y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas
               como un collar de palpitantes ostras sexuales 
               rodean mi residencia solitaria”

Si fuéramos felices no fumaríamos. 

El televisor y la radio encendidos
al mismo tiempo, solitarios
(un lápiz en la lluvia),
emiten un ruido de abejas
perdidas en el mar o
de objetos que caen 

                                  en los sueños.

Una mosca se posa en el cenicero
frotándose minúscula las patas;
al frente suyo,  

                  una gota
y en la pálida transparencia
del ojo de un muerto 

                  se mira
escribiendo…


(Cadáveres, sus cadáveres;
perdidos padres ya, la luna,
espesas tardes tranquilas
en su polvo, rotas
madres y sus niños,
noches de esperma inaguantable, cadáveres
los jueves, el pelo
blanco cada vez, axilas
de lentos pescadores, rodillas
martes, marejadas, pesadillas
de un niño solo, cadáveres
abril desde sus mares, moscas
como puertas como libros, relojes
como espaldas como espuma,
sombras llenas de doctores, despedidas
de tajos como olvidos, cadáveres
salir con sus cadáveres, dormir,
la boca abierta, el aliento
de un enfermo con su anís, cerrar
la puerta, abrir el agua, buscar
un lápiz, en una gota:
cadáveres morir.)


Pero hay espejos todavía,
y aunque polillas secas en los bordes,
pesadillas de pájaros en el baño,
otoños entre piernas que caminan,
hay espejos y sangre todavía.


El humo del cigarro desaparece
como un olvido en la noche.
Una mujer sueña con mariposas.
No contesta el teléfono.
Sangran pétalos en su almohada.