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lunes, 3 de agosto de 2015

Tanussi Cardoso

 (Rio de Janeiro, 1946)

Sobre el oficio 

escribir
dejarse ir
a un pantano que no
se conoce
fondo ni gusto

di/lu/ir/se
la piel secar al sol
uñas y dientes

a/bis/mar/se
espanto y
peligro de caída

entregarse al
terremoto que viene
de sí mismo

de/sis/tir/se
no resistir
el abandono
de los cabellos

di/sol/VER-SE


Fiat lux

el tiempo
viene de los pies y de las manos y del agua y de los vientos
y de la tierra
y del fruto del vientre de las madres
viene de los árboles
de la paz que brilla en su cáscara
nace de la pureza de la sangre de las arenas
de la existencia de la hoja en blanco
de los ancestrales recuerdos del carácter mágico
de las palabras

el tiempo
nace de la escritura de los pájaros
o de su canto
o de la risa del primer gallo en la primera mañana
o antes
cuando la idea de un Dios quemaba los ojos
y los niños jugaban
en el soplo de la espuma del verso de los poetas

viene de la seda de las abejas
de la piel de las tortugas
del encuentro de la araña y su red
del ínfimo grano de arena de los desiertos

el tiempo
comienza en ti
en tu gemido delante del ombligo de la luna
y de las espirales de las nubes
nace de las ciudades invisibles
del movimiento que existe en el juego del creador
y de la piedra fundamental
nace del amor de los lagartos
de las uvas molidas para el vino
del fuego de los volcanes
de los cielos y de los parques
del espíritu que perfuma el aire
nace del misterio gozoso
que existe entre la espina y la rosa
de los relámpagos que iluminan los cabellos
de la primera hormiga en su labor diaria
de las alas de los peces cuando estos vuelan

el tiempo
nace del acaso de las galaxias y de las estrellas
del humus de las lluvias
nace de la memoria del polvo
de los incendios del deseo
viene ungido por los dolores de los profetas
nace del vuelo de Dios y su sudor
y del dedo del sol entre las sombras

el tiempo
resiste en la sonrisa lenta de la noche
ofreciéndose a la boca estelar y melancólica
de la aurora mas larga
y armoniza el silencio
coge la miel
y nos hace estremecer

solos y humanos

Puente

Entre yo y mí 
Un abismo inmenso

Otro mirar 
¿el infinito?
lo que nuestra mirada
respira
lo que cabe
en la medida 
de la sangre
el cuerpo transformado
en alas

(más nada)

jueves, 14 de mayo de 2015

Andrés Sánchez Robayna

(Santa Brígida, Gran Canaria, 1952).


A THOMAS TALLIS

A José Ángel Valente,

in memoriam



I

Otra vez esas voces, ese cántico,

claro y oscuro aun tiempo. ¿Cómo,

sin extraviarse, pueden regresar

las voces a su centro, a la alegría


ilimitada? Lo que escucho, de nuevo,

es el Spem in alium,

un canto alzado hasta la transparencia

de la voz, como si el solo hálito



contuviera el fervor de las criaturas,

como si ya las voces se entregaran

a su solo fluir, y pronunciasen

cielo y tierra, fundidos en la sonoridad.



Sabes, pues, que la música puede

llevarte, como herida irrestañable,

hasta la ola de lo perpetuo, hasta el centro

de ti mismo y del mundo, ya fundidos.



Y como heridos quedan los mundos impalpables,

la ola sobre el cielo, que desciende

hasta la tierra, desde donde se alza

la música de nuevo, inextinguible.



II


¿Puede extinguirse, acaso, el eco

de estas voces? ¿Podría

extinguirse el origen de toda claridad,

de donde toda luz procede? Cuando



la grabación acaba, todavía resuena

la ola sin estruendo, y nos parece

oír el silencio de otro modo, un silencio

más profundo en el cuarto casi a oscuras,



las olas del origen sobre el mundo.

Sólo entonces, callado, sé decir:

Gracias, voces palpables, indecibles

voces celestes, gracias, ThomasTallis.