(Santiago de Chile, 1977).
Casa
Abrir la puerta despacio
pensando una culpa que cae,
despacio.
Los zapatos son recuerdos, espuma
de viento en otros días.
Desde el baño
se escucha escurrir las gotas
de una película antigua,
el agua abierta: Esperar.
Dos mensajes en el teléfono.
“El olvido es un tajo
en cada ojo. Te sueño”
Message erased.
“Tengo un olvido
de niños jugando
con muertas mariposas”
Message saved.
La lámpara es la sombra
del tiempo entre las sillas.
Se congelan los dientes de la madre
en la nevera.
El lugar es de cera,
se derrite
el tiempo en el velador.
La hermana sin su cuerpo
baila,
deja pétalos.
(sombra de abejas)
Siente pasos. Alguien
camina, padres con sus pestañas muriendo.
Cruje el piso, tiembla: cadáveres.
“Dime cosas bonitas
antes de dormir”
Riega sus plantas,
las pone al sol. Se
pudren.
“¿Cómo mueren
las mariposas, volando?”
Busca algo que comer.
No tiene hambre.
En la nevera,
los dientes de la madre, el sexo
congelado de amadas con sus tajos, insectos
en la cara del vecino.
El cuchillo está sucio.
No quiere lavar.
Piensa en un libro que le recuerda
los años en que curioso
metía la mano en el barro
para buscar caracoles:
“Y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas
como un collar de palpitantes ostras sexuales
rodean mi residencia solitaria”
Si fuéramos felices no fumaríamos.
El televisor y la radio encendidos
al mismo tiempo, solitarios
(un lápiz en la lluvia),
emiten un ruido de abejas
perdidas en el mar o
de objetos que caen
en los sueños.
Una mosca se posa en el cenicero
frotándose minúscula las patas;
al frente suyo,
una gota
y en la pálida transparencia
del ojo de un muerto
se mira
escribiendo…
(Cadáveres, sus cadáveres;
perdidos padres ya, la luna,
espesas tardes tranquilas
en su polvo, rotas
madres y sus niños,
noches de esperma inaguantable, cadáveres
los jueves, el pelo
blanco cada vez, axilas
de lentos pescadores, rodillas
martes, marejadas, pesadillas
de un niño solo, cadáveres
abril desde sus mares, moscas
como puertas como libros, relojes
como espaldas como espuma,
sombras llenas de doctores, despedidas
de tajos como olvidos, cadáveres
salir con sus cadáveres, dormir,
la boca abierta, el aliento
de un enfermo con su anís, cerrar
la puerta, abrir el agua, buscar
un lápiz, en una gota:
cadáveres morir.)
Pero hay espejos todavía,
y aunque polillas secas en los bordes,
pesadillas de pájaros en el baño,
otoños entre piernas que caminan,
hay espejos y sangre todavía.
El humo del cigarro desaparece
como un olvido en la noche.
Una mujer sueña con mariposas.
No contesta el teléfono.
Sangran pétalos en su almohada.
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