jueves, 7 de mayo de 2015

Marin Sorescu

(Bulzeşti, 1936 – Bucarest, 1996).


"Las sillas de los vecinos", Federico Hurtado


Capricho

Cada atardecer
Recojo entre los vecinos
Todas las sillas disponibles
y leo versos para ellas.

Las sillas son extremadamente receptivas
A la poesía
Si uno sabe ordenarlas.

Todo esto
Me emociona
Y durante varias horas
Les cuento
Qué bellamente murió mi alma
Durante el día.

Nuestros encuentros
Son generalmente sobrios,
Sin entusiasmos
Inútiles.

De cualquier modo
Significa que cada uno
Ha cumplido con su deber
Y podemos seguir
Adelante.



A usted

Mi rostro me parece conocido,
pero no recuerdo de dónde.

¿No era usted, por cierto,
con quién me reía de la vida,
pegando la nariz al espíritu
del mundo
como a un escaparate?

En el semblante usted tiene una arruga
que me recuerda cierta historia
moderna, contemporánea.

Si no me engaño, he visto vuestros ojos
maravillados por varias cuestiones habituales,
tristezas, noche, miedo.

¿Tienes algún pariente, una mano, un pensamiento,
algo valioso o parecido
en el sol
y en las demás estrellas fugaces?

Puedo jurar
que usted era el que se ha enamorado
eternamente
de aquella muchacha,
cuyo nombre se te escapa siempre.

Ah,
todo me parece muy conocido
en usted
hasta los días que no han sido
y los que van a ser.

A lo Ícaro

Anduve de mendigo entre los pájaros
y me dio, cada uno,
una pluma.

Una erguida de buitre,
una roja de ave del paraíso,
una verde de colibrí,
una parlanchina de papagayo,
una asustadiza de avestruz-
¡cuántas alas me dieron!

Me las puse en el alma
y comencé a volar.
Vuelo erguido de buitre,
vuelo rojo de ave del paraíso,
vuelo verde de colibrí,
vuelo parlanchín de papagayo,
vuelo asustadizo de avestruz
¡Cuánto he volado!

Clepsidra


No sé si me vacío
o me lleno.


Idéntico tributo de arena,
de ida
y vuelta.


Desdoblamiento


A la noche, alguien pasea con mi ropa
y la usa.
Por la mañana observo en los zapatos barro fresco.
¿Quién, tendrá un modo de andar parecido a mi andar?
Desde hace tiempo ha comenzado
a ponerse también mis pensamientos.
Cuando me despierto, no los encuentro nunca
donde los puse.

Están usados, cansados, con cerco en las ojeras,
se mota que alguien ha pensado con ellos
toda la noche.

¿Quién tendrá una alma parecida a mi alma?

El pasaporte


Este pasaporte
está escrito en mis huesos,
cráneo, falange, fémur, espinazo
y ordenado en tal forma
que se pueda leer muy claramente
mi derecho a ser hombre.



Remedio

Cuando se da el remedio para una enfermedad,
todos los que han perecido de esta enfermedad
tendrían que resucitar
y continuar viviendo
el resto de sus días,
hasta enfermarse de otra enfermedad,
cuyo remedio no ha sido todavía descubierto.


Escucho…


Escucho lo que dice el mundo
al pasar a mi lado.
Procuro formarme en lo posible
un bagaje de conocimientos.

Pero, demasiadas conjunciones,
preposiciones e interjecciones.
¡Vaya, tantas partículas de unión,
como si no estuviéramos estrechamente unidos!


Historioterapia


Cuando sufro de insomnio,
por la noche, antes de acostarme
tomo un atlas histórico
con un poco de agua.

Y, en tanto espero el resultado,
sigo con el dedo
el imperio de los hititas
y, después de un rato,
debo recomenzar con todo desde el principio,
porque, en verdad, el imperio de los hititas
es el imperio de los egipcios
o, más bien, el de los asirios...
el de los medo-caldeos...
el de los persas...

Si así están las cosas, pienso yo,
puedo dormirme
tranquilo.


"Dispositivo cientifico para la calibración de los sueños y 
determinación de su profundidad.", Federico Hurtado

lunes, 4 de mayo de 2015

Francisco Leal

(Santiago de Chile, 1977).

Casa

Abrir la puerta despacio
pensando una culpa que cae,
despacio.
Los zapatos son recuerdos, espuma
de viento en otros días.
Desde el baño
se escucha escurrir las gotas
de una película antigua,
el agua abierta: Esperar.

Dos mensajes en el teléfono. 
                                                “El olvido es un tajo
                                                 en cada ojo. Te sueño”
Message erased.

                                                “Tengo un olvido 
                                                 de niños jugando
                                                 con muertas mariposas”
Message saved.


La lámpara es la sombra
del tiempo entre las sillas.
Se congelan los dientes de la madre
en la nevera.
El lugar es de cera, 

                                                  se derrite
el tiempo en el velador.
La hermana sin su cuerpo
baila,
deja pétalos.
(sombra de abejas)


Siente pasos. Alguien
camina, padres con sus pestañas muriendo.
Cruje el piso, tiembla: cadáveres.

  
                                                   “Dime cosas bonitas 
                                                    antes de dormir”
Riega sus plantas,
las pone al sol. Se
pudren.

                                                   “¿Cómo mueren 
                                                    las mariposas, volando?”
Busca algo que comer.
No tiene hambre.
En la nevera,
los dientes de la madre, el sexo
congelado de amadas con sus tajos, insectos
en la cara del vecino.
El cuchillo está sucio.
No quiere lavar.
Piensa en un libro que le recuerda
los años en que curioso
metía la mano en el barro
para buscar caracoles: 


              “Y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas
               como un collar de palpitantes ostras sexuales 
               rodean mi residencia solitaria”

Si fuéramos felices no fumaríamos. 

El televisor y la radio encendidos
al mismo tiempo, solitarios
(un lápiz en la lluvia),
emiten un ruido de abejas
perdidas en el mar o
de objetos que caen 

                                  en los sueños.

Una mosca se posa en el cenicero
frotándose minúscula las patas;
al frente suyo,  

                  una gota
y en la pálida transparencia
del ojo de un muerto 

                  se mira
escribiendo…


(Cadáveres, sus cadáveres;
perdidos padres ya, la luna,
espesas tardes tranquilas
en su polvo, rotas
madres y sus niños,
noches de esperma inaguantable, cadáveres
los jueves, el pelo
blanco cada vez, axilas
de lentos pescadores, rodillas
martes, marejadas, pesadillas
de un niño solo, cadáveres
abril desde sus mares, moscas
como puertas como libros, relojes
como espaldas como espuma,
sombras llenas de doctores, despedidas
de tajos como olvidos, cadáveres
salir con sus cadáveres, dormir,
la boca abierta, el aliento
de un enfermo con su anís, cerrar
la puerta, abrir el agua, buscar
un lápiz, en una gota:
cadáveres morir.)


Pero hay espejos todavía,
y aunque polillas secas en los bordes,
pesadillas de pájaros en el baño,
otoños entre piernas que caminan,
hay espejos y sangre todavía.


El humo del cigarro desaparece
como un olvido en la noche.
Una mujer sueña con mariposas.
No contesta el teléfono.
Sangran pétalos en su almohada.


sábado, 2 de mayo de 2015

#15

Mirarnos
Hurgarnos
Sonreírnos
Olernos
Susurrarnos
Erotizarnos
Palparnos
Lenguarnos
Mordisquearnos
Agarrarnos
Fantasearnos
Jugarnos
Ofendernos
Retarnos
Invadirnos
Izarnos
Enredarnos
Sorbernos
Navegarnos
Olearnos
Sudarnos
Recrearnos
Poseernos
Estremecernos
Crecernos
Desearnos
Fusionarnos
Temblarnos
Rebasarnos
Arroyarnos
Aterrarnos 
Detonarnos
Sobrevolarnos
Desvanecernos
Corporeizarnos
Etereizarnos

Laura Millán Miranda