martes, 10 de marzo de 2015

Antonio Cubelos Marqués

(Ponferrada, 1974). 




 (palabras)





Te dirá su secreto,
un día, esa palabra: la que hierve
al quedarse.
Adentro del corazón, no sabemos
aún dónde, todavía
su insignificancia, la palabra perdida,
la que está sin estar.
La palabra, su grito
hasta lo hondo. Es
aún ese fulgor, aún esa
explosión, su leve huella.
Aún la lejanía de siempre.
La libertad
de este mes de abril
se le parece tanto: las olas
rompiendo contra el muelle, el aroma
de un mediodía distinto.
Arrojar la moneda que busca
las profundidades; no saber,
no alcanzar – si es cara o cruz-
con la mirada.





Olores de la noche,

sombras,

retazos de la líbido;



¿qué hay de cierto?,

qué ha venido, al mañana;

espectros, cavidades

profundas,

huecos

donde se ennegrece

la vida.



El deseo de ser aire,

exhalación, de caminar durando

en cada poro, en cada

fosa,



de sentirme aspirado

por palabras fugaces como quien dice

amor, como quien dice amante.



Lléname de aire

oscurecido;

llenarme en tu memoria.




(ángel)




Hay quienes piensan que es
como el viento, como la súbita luz
en la tormenta
al final del verano: no sabemos
y nunca
durará en la memoria.
Solamente una vibración, un aleteo;
acaso, el fulgor
de un aliento, unos cuantos pasos
más atrás.
En la luz aún palpitante
del abismo, al fondo en la pupila,
es el más solitario. Es
solamente un guerrero;
conducido por el ardor
y la resurrección.

 


(día 13)




No es un gesto de rebeldía.
Ni una extravagancia.
Muchos pensarán lo que quieran.
No he sido nunca un incomprendido.
No me gustaría que confundieran; verme
asociado con alguna sigla, organización,
o grupo vandálico.
No es un acto político.
No pretendo tener un público.
Me dolería ser una especie
de atracción social, y que la gente jugase
a reconocerme por la calle.
Lo último que quiero es que se hable de mí.
Creo poder declararme inocente.
Maldigo a quienes quieren ver
alguna forma de arte o maniobra en ello.
Declaro también por último
actuar en plenitud de facultades
y no tener fantasmas
o cuentas secretas que rendir.

De nuevo el autobús a la puerta de casa
tras otra loca carrera por arañar el tiempo.
Y la noche de nuevo, omnipresente.
 



(epílogo)




Hubo más muertos. La fe pública
en silencio esperaba
al borde en los caminos.
Pero no hay tiempo;
hay nieve negra
cayendo en las palabras.
Y aquí, alzada la memoria,
derribo el corazón
buscando
para nunca jamás el paraíso.
 



(De "La mitad de la luz")
 

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