lunes, 30 de marzo de 2015

Mark Strand

 (Summerside, Canadá, 1934 - Nueva York, 2014).

Carta

Los hombres corren a través de un campo,
de sus bolsillos caen lapiceros.
La gente que sale a caminar los recogen.
Esa es una de las formas en que se escriben las cartas.


¡Cómo caen las cosas en los otros!
El ser ya no me pertenece a mí, sino que duerme
en la sombra de un extraño, y le da vestido
a ese extraño, e incluso lo guía.


Es mediodía cuando te escribo.
La vida de alguien ha llegado a mis manos.
El sol emblanquece los edificios.
Es todo lo que tengo. Te lo doy todo. Tuyo,


Mark Strand



Comiendo poesía

La tinta se escapa por la comisura de mis labios.
No hay felicidad como la mía.
Estuve comiendo poesía.

La bibliotecaria no puede creer lo que ve.
Sus ojos están tristes
y camina con las manos sobre el vestido.

Los poemas se han ido.
La luz es débil.
Los perros están en la escalera del sótano y suben.

Revolean los ojos,
refriegan sus patas rubias.
La pobre bibliotecaria comienza a patalear y a llorar.

Ella no comprende.
Cuando me pongo de rodillas y lamo su mano
ella grita.

Soy un hombre nuevo.
Le gruño y le ladro,
Muero de alegría en la oscuridad libresca. 

 

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